Hombres G = un viaje en el DeLorean

Envejecer es un pecado imperdonable o, por lo menos eso es lo que se escuchaba a las afueras del Auditorio Nacional una hora antes del concierto de Hombres G en nuestro país, y es que al parecer, los años te hacen pasar de ser un irreverente admirado por todos a convertirte en alguien que incluso inspira un sentimiento de ternura.

Hombres G preparó en su concierto en el Auditorio Nacional un viaje en el tiempo dividido en dos, el primero en un mood acústico acompañado por gigantes como Miguel Bosé, Dani Martín (El Canto del Loco), Mikel Erentxun (Duncan Dhu) y Ha*Ash (creo que, por mucho, el negrito en el arroz) para después reventar con el sonido de la banda completa.

Una de las cosas que invariablemente llaman la atención en un concierto de este tipo es la concurrencia, en esta ocasión fue posible ver a fans de más de cuarenta, acompañados por niños que se sabían incluso mejor las canciones que sus padres, algo paradójico pues no sé si se acuerdan pero en su momento, Hombres G y el mismísimo Satanás jugaban en la misma cancha pues las almas atormentadas no podían creer que alguien pudiera decir “mamón”, “teta” o “sujetador” en una canción sin correr peligro de que su alma ardiera en el fuego eterno.

A casi treinta años de distancia, esto ha cambiado y estos temas suenan casi infantiles, pero hay que admitir que ser testigo de un concierto como éste puede traer muchos flashazos y nos ayudan a entender muchas cosas de lo que fueron los ochenta y cuáles eran las cosas que podían causar conmoción.

Mi vivencia personal con Hombres G es especial, para mí representan la banda sonora de uno de los viajes familiares más importantes que hice en mi vida, sólo tenía 7 años pero mis primas los descubrieron en dicho viaje y entonces al escucharlos, me sentía un poquito rebelde (no me culpen, pasé de “Cocorito” de Timbiriche a “Devuélveme a mi chica”) por lo que ayer, intenté olvidarme de lo que todos habíamos prejuzgado antes de arrancar el concierto (que si se ven viejos, que deberían retirarse, que qué pena estar ahí) para finalmente disfrutar dos horas de reminiscencias y de valorar que, quienes compartieron escenario con ellos (excepto Ha*Ash, insisto), formaron parte en su momento de la plana mayor del pop en español.

Los Hombres G siguen grabando discos, un esfuerzo que se aplaude pero hay que reconocer que a la gente ya no le interesa lo nuevo que tengan que decir y para muestra que, el momento de tocar los nuevos temas se convirtió en el ideal para sentarse, revisar mails, ir por algo de tomar, etc… El negocio de este cuarteto español es y seguirá siendo la nostalgia y, como ésta siempre será redituable, probablemente el Auditorio Nacional seguirá siendo tierra fértil para esta formación.

Para cerrar… la imagen de Xavi, el baterista, tocando con un bra en la cabeza que una fan lanzó es por mucho, una de las postales ochenteras más grandes que he podido presenciar.

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