El presente de la televisión: House of Cards

Desde que se estrenó “House of Cards”, la serie original de Netflix esta semana, constantemente hemos escuchado que el contenido propio creado por plataformas digitales es el futuro de la televisión, sin embargo, queda claro que esto es el presente y quizá hoy en día es la única opción que a los televidentes nos sorprende y emociona.

Esta historia no es nueva, la serie, con incluso el mismo nombre se transmitió en la década de los noventa en Inglaterra pero ahora, en su versión “americanizada” es más agresiva e incisiva, no sé si estén de acuerdo conmigo pero creo que al no ser una serie pensada para transmitirse en un canal de televisión abierta o de cable, es capaz de ser más honesta y de cumplir menos compromisos que una que depende de una pauta comercial, definitivamente “House of Cards” no está hecha para que en sus cortes comerciales se anuncien detergentes o cualquier tipo de productos e incluso en su edición, corre sin esas pausas en las que se advierte que iría un anuncio.

Protagonizada por Kevin Spacey y ni más ni menos que con David Fincher como productor ejecutivo y director de los dos primeros capítulos, esta serie, de la que no haré ningún spoiler o sinopsis, cuenta una historia de lealtades, revanchas y todo tipo de triquiñuelas desarrollada ni más ni menos que en la Casa Blanca. Si les gustan las series de política la amarán y si no, les aseguro que también, pues Spacey logra despertar este sentimiento de amor-odio que sólo los grandes villanos consiguen.

Pero, en este momento no nos compete hablar de la historia como tal, si no en lo que ha significado este lanzamiento como un parte aguas en la industria. Por primera vez, el éxito de una serie no depende del rating (ese villano que ha terminado con proyectos valiosos y que ha dejado al aire a bodrios como “La Rosa de Guadalupe”), tampoco de la cantidad de anunciantes interesados en que siga al aire y, además, un detalle que ayuda enormemente a la calidad de la historia, no está a expensas de que necesite alargarse o acortarse pues la primera temporada (13 capítulos) está disponible de golpe desde su lanzamiento.

Aquí no existe el prime-time y gracias a ello, los hábitos de los televidentes cambian radicalmente, pues ya no se trata de un tema de costumbre o hábito, se limita únicamente a engancharse a una historia y si así lo quieren, devorarla en un maratón de un día.

Kevin Spacey protagoniza "House of Cards"

Kevin Spacey protagoniza “House of Cards”

¿Cuál será la ganancia de Netflix con un producto así?, a mi entender ésta se traduce en prestigio, porque, como siempre, las trampas ya están disponibles y quienes han querido ver este producto sin pagar la suscripción mensual al canal ya puede hacerlo en Cuevana, pero, desde un punto de vista personal, estoy segura de que esta iniciativa le dará un empujón a este servicio para convertirse en un generador importante de contenido, que, sin duda, mucho más que publicidad o anunciantes, hoy en día es uno de los bienes más valorados.

“House of Cards” tiene una duración aproximada de 53 minutos (casi diez minutos más que las series de una hora que llenan el espacio con publicidad), tiene un lenguaje televisivo distinto que notarán a simple vista y les lanzo la advertencia de que si la empiezan a ver hoy, no podrán parar y quizá entrarán a este grupo de usuarios que en un día terminaron con ella.

¡Larga vida al contenido original y de calidad!

 

Esta columna fue publicada en http://www.entermedia.mx/2013/02/vtv-el-presente-de-la-television-house-of-cards/

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