Érase una vez Zacatecas…

Después de muchos intentos, finalmente conocí Zacatecas, una ciudad que despertaba mi curiosidad pues no conozco una sola persona que haya estado ahí y que no haya regresado fascinado con ella.

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Gracias a hoteles Misión y su iniciativa “Puebleando con Misión”, llegar fue toda una experiencia… Nos hospedamos en el “Hotel Misión Argento”, propiedad con una ubicación ideal pues está justo frente a la catedral y una de sus plazas principales.

La primera impresión fue encantadora, Zacatecas es una ciudad de callejones, pendientes, empedrados, plazas, iglesias, museos y minas, aunque su extensión y población no es mucha (apenas 200 mil habitantes), aquí se respira una sed de cultura y de disfrutar sus calles que motivan a aprovechar cada uno de sus rincones.

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En cuanto llegamos, la primera escala la dedicamos a comer, para esto, no había un lugar mejor que “Los Dorados de Villa”, un restaurante tradicional que funciona bajo unas reglas muy específicas y que resulta todo un deleite.

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La carta de “Los Dorados de Villa” está prácticamente invadida de enchiladas de todo tipo, desde las clásicas verdes hasta una variación conocida como “Enchicharronadas”, la cual combina los ingredientes típicos de este platillo sumando chicharrón de cerdo o, por otra parte, también es posible probar el pozole verde, el cual es la especialidad de la casa.

El espacio en “Los Dorados de Villa” es limitado, pues el restaurante se acondicionó en una casa antigua y ojo, el servicio es muy tardado, así que hay que ir con tiempo y paciencia, pues aunque el resultado no desilusiona, la espera sí es un reto.

Ya con el estómago lleno, es imperdonable no hacer una visita al museo creado en honor a la obra del pintor zacatecano Rafael Coronel, en éste es posible contemplar sus principales obras, así como una colección de más de diez mil máscaras que reflejan tienen como intención reflejar la realidad social de nuestro país, así como satirizar algunos elementos, después, al salir, vale la pena visitar la Catedral Basílica de Zacatecas, una de las obras cumbre del barroco mexicano.

El medio ideal para conocer toda la ciudad en poco tiempo es subir a uno de sus clásicos turibuses, las explicaciones en éste van acompañadas por la emblemática “Marcha de Zacatecas” así como anécdotas de personajes célebres locales, mitos y leyendas.

Zacatecas combina a la perfección el romanticismo de sus callejones con la personalidad de una ciudad que basa su economía en la minería, vale la pena visitar la mina “El Edén” en la que es posible hacer un pintoresco recorrido al interior de una mina, conocer la temperatura de ésta, las condiciones de trabajo, el ambiente y los minerales que son extraídos aquí son parte del encanto, a esto se suma la integración de un bar discoteca dentro de la mina, siendo éste uno de los lugares más exclusivos de la ciudad.

Finalmente, una visita a Zacatecas no tendría el mismo sabor si no se participa en una callejoneada, la cual obedece a una antigua tradición en la que, los mineros cobraban su semana de sueldo los viernes y con éste pagaban un barril de mezcal y músicos que recorrían las calles de la ciudad paseando por casas y callejones. Las mujeres se asomaban y cuando estaban interesadas bajaban a bailar con quien había llevado la música y así comenzaban a platicar y por supuesto, tomarse un tarrito de mezcal gratis.

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Así, a la fecha, a partir de los jueves las tamboras de reúnen en la plaza principal para iniciar ese recorrido al que se van sumando turistas y locales generando una fiesta que después termina en clásicas cantinas.

Zacatecas es un destino que vale la pena descubrir por su oferta arquitectónica, cultural, gastronómica y de diversión, te recomiendo anotar esta ciudad como uno de tus próximos destinos y, como despedida, antes de que te vayas, visita su teleférico y disfrútala desde las alturas.

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