Valencia: Moda, gastronomía y tradición

Valencia es una ciudad que lo tiene todo, desde un encanto cosmopolita que la ha convertido en la cuna de los más importantes diseñadores españoles, hasta una arraigada tradición que da como resultado la existencia de las “Fallas”, una concurrida fiesta cargada de un profundo simbolismo.

 

Todos los años la ciudad se transforma, los escaparates de las tiendas temporalmente dejan de ser los protagonistas y las “fallas” (estatuas creadas por sociedades de vecinos) se adueñan de las calles para reflejar la realidad social del momento, de una forma amable y satírica.

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Al final de los días de fiesta (15 al 19 de marzo), cada una de las fallas es quemada con el objetivo de que queden completamente reducidas a cenizas, el significado de esto es muy claro, es tiempo de purificarse, terminar con lo malo que se acumuló en el año que cumple su ciclo y entender que todo termina y siempre existe la posibilidad de empezar de nuevo, bajo esta idea, cada 12 meses, los valencianos renuevan su espíritu.

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Esta fiesta resulta también una prueba de resistencia, el ruido es uno de sus principales activos, mientras camines por sus calles estos días, no te sorprendas de escuchar el estruendo de los cohetes que van reventando cada segundo, la ciudad nunca está en silencio y los más pequeños se divierten al probar el poder de estos petardos. Incluso hay dos momentos en el día que forman parte de el programa, el primero es la “Mascletà”, evento en el que se congregan los asistentes en el Ayuntamiento para escuchar una revolución de sonido que incluso acelera el pulso, el reventar de la pólvora con ritmo, cadencia y a veces un tema, se convierte en un espectáculo en el que todos los sentidos quedan a merced del oído, que se encarga de transmitir al cuerpo lo que se está viviendo. Por la noche sucede lo mismo, pero resulta más intenso pues la vista también juega un papel importante, aquí cambia su nombre a “Castillo”  y “Nit del Foc”, en donde una vez más, el sonido no cesa, pero ahora la luz también juega un papel importante, pues los fuegos artificiales iluminan el cielo en comparsa con el estruendo.

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La comida tiene un papel fundamental en esta celebración. En Valencia uno de los productos más preciados es el arroz, no por nada, de esta provincia es originaria la exquisita paella, platillo que caracteriza en el mundo a la gastronomía española, y durante estos días, los principales restaurantes ofrecen tradicionales preparaciones aprovechando el flujo de gente y logrando lo que incluso podría concebirse como una celebración paralela plena de vino, comida y postres.

Es imperdonable hacer este viaje sin hacer una escala en el restaurante “La Riuà”, en donde además de la clásica paella valenciana, puedes probar un “arroz abanda”, de preparación casi idéntica a la que conocemos, pero acompañada únicamente por mariscos y con una consistencia caldosa, para cerrar con estas delicias, no dejes de probar el clásico “pudín de calabaza” acompañado por un vaso de horchata de chufa, clásica del lugar.

 

Uno de los momentos más emotivos de esta jornada llega el último día, el 19 de marzo por la noche (día del padre en España) y momento en el que se lleva a cabo la “Cremà”, ceremonia en la que toda la fiesta adquiere sentido, pues es cuando las fallas dejan de existir. Las pequeñas, instaladas en las calles son quemadas y, finalmente, la inmensa estatua ubicada en el centro de la Plaza Mayor, es consumida por el fuego ante la mirada nostálgica de todos los que trabajaron en su creación.

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Presenciarlo provoca que varios sentimientos salgan a flote, la tristeza se une a la esperanza y así, al terminar la semana de “fallas” con esta acción, queda la ilusión de que al siguiente año, las estatuas volverán a ser majestuosas, estarán cargadas de experiencias y una vez más, se pulverizarán, como sucede con los ciclos de la vida.

 

 

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