Montreal o la definición del amor a primera vista



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Canadá es un destino impresionante, en diferentes etapas de mi vida he tenido la oportunidad de conocer las principales ciudades de este país y cada una tiene una personalidad única que te invita a seguir explorando.

El viaje a Canadá llegó en un momento en el que en teoría no debía llegar, empezaba el otoño y tenía 7 meses de embarazo, estaba justo en el punto en el que si no llevas una carta certificada de tu doctor diciendo que todo está bien, la aerolínea tiene derecho a decirte que no puedes subir al avión. Afortunadamente nada de esto pasó y pude emprender el viaje para encontrarme con esta ciudad que se colocó de forma automática en un destino al que tengo que volver todas las veces que pueda en distintas estaciones.

Montreal, Canada

Cuna del Cirque du Soleil, de bandas como Arcade Fire e incluso Celine Dion (basta mencionar su nombre para que los habitantes de Montreal revelen un gesto de orgullo incomparable), Montreal es en definitiva un objeto del deseo que es capaz de satisfacer a todo tipo de viajeros.

Mi compañera de viaje y yo tomamos un tren desde la estación de tren Gare du Palais en Quebec para llegar a la estación Central de Montreal. Las casi tres horas de camino se convirtieron en uno de los highlights del viaje, parece que el paisaje de otoño de la provincia francófona de Canadá fue pintado por un artista que decidió plasmar la perfección.

Y la llegada a Montreal, lejos de ser atropellada por lo que implica arribar a una ciudad grande es todo lo contrario, la amabilidad de su gente es incluso abrumadora pues todos aquellos con los que nos topábamos parecían incluso más preocupados que nosotras por asegurarse de que llegáramos con bien a nuestro hotel.

Y, hablando de hospedaje, la vida nos sonreía en ese momento pues el lugar asignado fue un hotel de diseño llamado Le Germain que además de llamar la atención por sus sofisticados detalles, es la sede del restaurante Laurie Raphael, en el que teníamos programada una cena que terminó convirtiéndose en un maratón de comida (8 tiempos de platillos para cenar) y que nos dio la oportunidad de compartir impresiones con Daniel Vézina, uno de los representantes de la comida local más mediáticos: además de dirigir este impecable restaurante, era la estrella de un programa de televisión local.

Sopa de erizo, foie gras, halibut y un sinfín de postres desfilaron por nuestra mesa (a la fecha sigo considerando ese momento como uno de mis encuentros más increíbles con la comida), terminamos (contra todos los pronósticos) con los 8 tiempos de esa cena y fuimos a dormir temiendo que no despertaríamos nunca más.

Al día siguiente aprovechamos que el otoño nos daba una tregua, la temperatura era ideal y el aire soplaba por lo que era posible encontrar una postal de paisaje natural cada vez que volteábamos, logrando un contraste especial con la arquitectura de la ciudad que, sin temor a exagerar, en algunos momentos nos hacía pensar que estábamos en París. A veces al callejear sentíamos que estábamos en un pequeño pueblo francés.

Creditomarkwatmough

Montreal convive entre lo clásico y la modernidad, todo esto rodeado por montañas que ya comenzaban a pintarse de blanco. Es una ciudad de grandes museos, de pequeñas galerías, de boutiques de diseñadores locales que exhiben sus creaciones de una forma tan creativa que la necesidad de tenerlas es inmediata. Una ciudad imponente, la basílica Notre-Dame de Montreal con su imponente neo gótico merece tomarse un buen momento para contemplarla (lo que sí es que inevitablemente, si nos veían cara de turistas, se acercaban para contarnos con orgullo que ahí se había casado Celine Dion con René Angélil, cabe aclarar que ni a mi amiga y a mí Celine Dion nos provoca ningún sentimiento, aunque al parecer es prácticamente un símbolo patrio). Continuamos el paseo con una escala en el Museo de Bellas Artes y al salir recorrimos sus pequeñas calles con un impresionante acento parisino justo a la orilla del Río San Lorenzo.

Dejamos Montreal con ganas de no hacerlo y de volver lo más pronto posible. Es una ciudad que te deja asignaturas pendientes, hay que conocerla en cada una de sus estaciones, visitarla durante su festival de jazz e ir cuando mantener la figura no sea importante para poder probar cada uno de sus sabores. Visitarla con la certeza de que te enamorarás profundamente de ella.

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